Salir a pasar con el perro, un deporte que crece a nivel mundial

Tiene la examen enfocada, la respiración agitada, el cuerpo dispuesto y las orejas en alerta para escuchar la voz de su compañera de carrera que le dará el comando para lanzarse a la aventura.

“¡Go, go, go!”, dice con voz firme Silvina Paz y en un instante la tensión de la correa que la une a su perra Helena se distiende para que sus cuerpos comiencen a pasar al mismo ritmo y detrás de un mismo objetivo: cruzar la meta y compartir un sendero con una conexión única y distinto.

Para presentarse a estar paradas detrás de la confín de largada tuvieron que recorrer un desprendido trecho.

Aunque Silvina Paz es una corredora con experiencia y ya ha hecho su camino en el canicross con Felipe y León, los perros con los que vive en su casa de zona oeste, con Helena la experiencia fue diferente.

“Helena llegó a mí a través de las redes sociales. Había sido criada y entrenada para cazar. Pero su miedo a los disparos de las armas de fuego hizo que la descartaran como una perra útil para esa actividad. Le buscaron familia y así llegó desde Santa Fe a casa”, recuerda la docente.

Silvina Paz y Helena forman parte del Mushing Team Chocolate con sede en Buenos Aires.
El mes pasado se coronaron
Campeonas Sudamericanas en  Chile. Foto: Andrés D´Elía.

Silvina Paz y Helena forman parte del Mushing Team Chocolate con sede en Buenos Aires.
El mes pasado se coronaron
Campeonas Sudamericanas en Chile. Foto: Andrés D´Elía.

Helena se integro fácilmente a la manada de Silvina. Sin confiscación, la primera salida a la calle fue traumática: su miedo a la multitud, a los perros y a los ruidos la paralizaba.

Hubo que trabajar esos temores y conquistar que, de a poco, confiara en su humana.

Finalmente, cuando Silvina sintió que había llegado el momento para presentarle la propuesta deportiva, la postura de la perra le confirmó que no se había inexacto.

Yo aprendí que no hay mejor vínculo para un ser humano que estar con su mejor amigo, el perro.

Claudio Aguilera

“Helena entendió todo desde el minuto cero. Ni bien le pongo el pretal, ya está lista para salir a correr. La sensación de correr juntas es única. Me cuesta poner en palabras la conexión que existe entre las dos en ese momento. El canicross ayudó a fortalecer nuestro vínculo. Y a ella le permitió superar inseguridades. Correr la empodera y para mí es un orgullo verla tan fuerte y segura.”

Unidos

El mushing –internamente de cuyas variables se encuentra el canicross, es proponer, pasar liado al perro a través de una correa– tiene su origen en una forma de transporte nórdica en el que los perros de tiro arrastran trineos sobre superficies nevadas.

El término proviene de la palabra francesa mush, utilizada en su momento como orden para que los perros iniciaran su marcha.

Con el tiempo surgieron nuevas modalidades que se popularizaron cerca de del mundo. En Argentina, donde tuvo un crecimiento exponencial en los últimos diez primaveras, cuenta cada vez con más adeptos.

En la hogaño, la Federación Argentina de Mushing, que nuclea a diferentes clubes que practican la actividad, cuenta con más de cien atletas federados a nivel doméstico que impulsan el deporte desde diferentes rincones del país.

Pablo Tabor y su perra Mulan. La rescató de la basura y la rehabilitó con deporte. Foto: Andrés
D´Elía.

Pablo Tabor y su perra Mulan. La rescató de la basura y la rehabilitó con deporte. Foto: Andrés
D´Elía.

“Soy muy sensible a la hora de hablar del deporte como medio gratificante. Tenemos el privilegio de poder vivir esta actividad con los mejores maestros. Los perros no mienten, trabajan dándolo todo y perdonan. Eso es invaluable en cualquier deporte. No he dejado de aprender con ninguno de mis perros. Y al final de cada entrenamiento y de cada carrera me quedo con la satisfacción de haber trabajado un poquito más para fortalecer el vínculo, que en definitiva es lo más importante. Porque canicross es mucho más que salir a correr con tu perro: es aprender a jugar antes que comenzar a correr, es vivir sabiendo que un milagro se convirtió en nuestro estilo de vida”, dice Pablo Tabor, presidente de la comisión directiva de la Federación y que en 2019 compitió unido a Mulan, su perra rescatada de la basura, en el mundial que se realizó ese año en Suecia.

Nuevos tiempos

La forma en que hemos modificado nuestro vínculo con los perros y comprendido la importancia de su bienestar más allá del techo, comida y atención veterinaria, además se evidencia en el deporte.

Aunque se prostitución de una disciplina distinta al canicross, la carrera de calle DogRun mostró además un crecimiento significativo en ese sentido.

Después de diez ediciones, este año fueron más de 45 mil los asistentes, 18 mil los participantes con sus perros y un soporte de más de 4.500 veterinarios.

Hoy son muchos los que comparten la idea de que un perro no es una mascota y que el concepto de animal de compañía está en desuso. Un tutor responsable es el que se preocupa, descubre y atiende las deposición del animal.

Por eso los que conocen el deporte saben que cualquiera puede sumarse. Adultos, jóvenes y niños, todos pueden comprobar lo gratificante de salir a pasar con su mejor amigo.

Los perros no mienten, trabajan dándolo todo y perdonan. Eso es invaluable en cualquier deporte. No he dejado de ilustrarse con nadie de mis perros.

Pablo Tabor

Es lo que le sucedió a Dora Valle y su perra Pampa, que adoptó de cachorra. “A medida que fue creciendo, cada vez nos preocupaba más su comportamiento: por miedo, ladraba y mostraba los dientes cuando alguien entraba a casa, o en la calle cuando se cruzaba una persona u otro perro.”

Dora Valle y Pampa. El deporte ayudó a la perra a ganar confianza, seguridad y le dio la posibilidad
de estar entre pares. El mes pasado obtuvo un premio al
“Bienestar Animal” por su mejoría. Foto: Andrés D´Elía.

Dora Valle y Pampa. El deporte ayudó a la perra a cobrar confianza, seguridad y le dio la posibilidad
de estar entre pares. El mes pasado obtuvo un premio al
“Bienestar Animal” por su mejoría. Foto: Andrés D´Elía.

Le sugirieron presentarse la escuelita de sociabilización que tiene el veterinario Baltazar Nuozzi en la sede del viario costero de Vicente López.

Fueron tiempos difíciles. “Hasta que un día, con un pretal de paseo, una correa y un cinturón improvisado probamos correr y fue mágico.” Cada vez que corría, Pampa se enfocaba, podía estar cerca de otros binomios y comenzó a entrenar con ejercicios de propiocepción, autodominio, sagacidad y obediencia.

“Nada me hacía desviar del objetivo de ayudar a Pampa. Confieso que algunas veces me frustraba tanto que quería desistir. Pero aprendí que después de la caída había que levantarse, sacudirse el polvo y continuar”, relata Valle.

Y así, de a poco Pampa ganó confianza, autoestima, seguridad y motivación. “También mejoró nuestro vínculo: pude empezar a abrazarla sin que se sintiera incómoda y ahora nos entendemos con la mirada. Ella no comprende si ganamos o llegamos últimas y a mí no me importa, somos felices corriendo y eso basta para disfrutar de esa comunión.”

De novatos y expertos

La conexión distinto es poco que experimentan todos los que se animan a ponerse el cinturón, atar la correa del perro y dejarse transigir por la experiencia. Ignacio Papucci es martillero y conoció la actividad a través de las redes sociales.

“Ver fotos de otros corriendo con sus perros me dio curiosidad. Si bien solía salir a trotar con mi pequeña Nala (6 años), nunca había sentido lo que genera correr con otros perros a la par.”

Hicieron sus primeros 5 km en una carrera de calle en menos de 25 minutos. “Quedamos contentos y hasta sorprendidos. Pero tengo mucho por aprender. Por ejemplo, los corredores de la especialidad saben perfectamente cuándo el perro está cansado y hay que bajar el ritmo.”

Ignacio Papucci (36) es martillero y corredor público. Adoptó a Nala en 2017. “La
dejé entrar, la alcé y sentí una conexión
especial.” Foto: Andrés D´Elía.

Ignacio Papucci (36) es martillero y corredor conocido. Adoptó a Nala en 2017. “La
dejé entrar, la alcé y sentí una conexión
distinto.” Foto: Andrés D´Elía.

Tampoco hace desidia que el perro sea de la propia clan para hacer pareja. Es el caso de Constanza Maragliano (37) –que pertenece al club Mushing Team Buenos Aires– y Laika, su “clienta” de paseos y peluquería canina, a la que describe como cachas, sin miedos y proporcionadamente predispuesta.

“Nuestra primera experiencia juntas fue una montaña rusa de emociones. Debutamos como binomio en scooter, que se practica con una suerte de bicicleta en la que uno patea para lograr impulso y el perro ejerce el tiro.

Aunque suene contradictorio, porque durante la carrera nos mantenemos unidas por la línea de tiro, en esos momentos siento que las dos somos libres y eso es algo mágico.”

Constanza Maragliano y
Laika compiten sobre scooter, una suerte
de bicicleta que va tirada por el perro.
“La actividad me dio la posibilidad de
conocer personas increíbles, generosas
y desinteresadas que con el paso del
tiempo se volvieron familia.”. Foto: Andrés D´Elía.

Constanza Maragliano y
Laika compiten sobre scooter, una suerte
de biciclo que va tirada por el perro.
“La actividad me dio la posibilidad de
conocer personas increíbles, generosas
y desinteresadas que con el paso del
tiempo se volvieron clan.”. Foto: Andrés D´Elía.

De raza o mestizos, sumarse a la actividad para los perros se prostitución de una excelente oportunidad de estar entre pares, entender de roles y comportamiento y ejercitarse al canción autónomo.

Claudio Aguilera (54) e Indio viven juntos desde octubre de 2020. “Correr juntos nos dio disciplina,
sociabilidad, compañerismo y vida sana y
al aire libre.” Foto: Adnrés D´Elía

Claudio Aguilera (54) e Indio viven juntos desde octubre de 2020. “Correr juntos nos dio disciplina,
sociabilidad, compañerismo y vida sana y
al canción autónomo.” Foto: Adnrés D´Elía

Claudio Aguilera convive con Indio (de un año y medio) desde octubre de 2020.

“Lo especial que encuentro en él es que es muy inteligente e independiente, compañero y se prende en todo lo que le propongo. Caminatas, trotes, subirse a la moto, el auto, acompañarme al lado de la bicicleta o un paseo en kayak. Es un todo terreno”, dice.

En la disciplina, perros y humanos se congregan bajo un mismo objetivo.

“Cuando corro con él siento una inmensa alegría. Se concentra, me lleva pero también sabe esperar cuando entiende que estoy cansado. Desde que compartimos esta actividad se volvió un perro más equilibrado: dejó de morder y de tirar de la correa. Yo aprendí que no hay mejor vínculo para un ser humano que estar con su mejor amigo, el perro”.

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