Rafa Nadal es la reina Isabel de España, por John Carlin

“Nuestra mayor gloria no está en nunca caer, sino en ascender cada vez que caemos”.

Confucio

Hace tiempo que ni siquiera es tema de debate. Rafael Nadal es, sin cuestión alguna, el mejor deportista de la historia de España, y el más querido. Aún más extraordinario, su delicia supera el deporte. ¿Será el indiscutido héroe franquista no solo hoy sino de todos los tiempos?

De los españoles vivos es difícil pensar en otro, o en otra, que compita con él en cuanto a la fascinación, el afecto y el orgullo que despierta. Cuando uno piensa en España, “consenso” no es la primera palabra que viene a la mente. Excepcionalmente, Nadal sí genera consenso, un consenso parecido al de la reina Isabel en el Reino Unido, venerada por el 90 por ciento de sus súbditos.

Ningún otro ciudadano gachupin alcanza el nivel de popularidad del mallorquín. ¿Futbolistas? Ninguno, porque el tribalismo inherente en el fútbol lo impide. Quizás Andrés Iniesta se le aproximó tras marcar el gol de la triunfo en el Mundial del 2010, pero una vez que la eufo­ria se disipó medio país se acordó de que jugaba para el Barça. ¿Artistas? ¿Almodóvar, Bardem, Cruz, Plácido Domingo, Rosalía? No. Cada uno alega a gustos que son, a su modo, elitistas.

Y en cuanto a políticos, ni musitar.

Spain's Rafael Nadal lifts the trophy after winning the final match against Norway's Casper Ruud in three sets, 6-3, 6-3, 6-0, at the French Open tennis tournament in Roland Garros stadium in Paris, France, Sunday, June 5, 2022. (AP Photo/Christophe Ena)

Rafael Nadal levanta emocionado un nuevo trofeo en Roland Garros, el que suma su número catorce

Christophe Ena / AP

El rey de España, siquiera. Verle en el palco celebrando la triunfo de Nadal en París el domingo era entender que como figura unificadora, precisamente a lo que más aspira, Felipe no le llega a Rafa ni a los escafoides de los pies. Es muy suspensión el rey, pero pequeño en calidad franquista comparado con el campeón de 22 torneos Grand Slam. Hay demasiados antimonárquicos en España, bastantes que observan la Corona con desdén.

Meterte con Nadal supone el aventura de perder votos, no de ganarlos

Aquí en Catalunya tenemos nuestros disidentes del Nadalismo . Normal, si eres independentista. El ídolo franquista gachupin te va a disgustar, por definición. Pero lo poco que asoman la inicio los políticos indepes , la cautela con la que hablan de Nadal –o, más proporcionadamente, no hablan de él– da prueba de su popularidad entre los ciudadanos de a pie. Solo los más fundamentalistas, los que anteponen la pureza ideológica al pragmatismo electoral, se atreven a criticarle. Meterte con Nadal supone el aventura de perder votos, no de ganarlos.

Nadal lo tiene casi todo a honra. Como deportista es un toro excelente, un incansable semental que a sus 36 abriles está jugando mejor que nunca. Como ídolo internacional ayuda a apagar complejos. Como persona es simpático, principal y tenaz, virtudes que todos los españoles quisieran considerar suyas. Y como figura política, no es nulo.

Igual que la reina de Inglaterra, no se pronuncia respecto a los grandes temas de debate franquista. Se supone que es más españolista que separatista, más del PP que del PSOE. Como se supone que, en la intimidad, la reina va a ser más conservadora que progresista, más en contra del nacionalismo escocés que a honra. Pero en uno y otro casos se reprimen. No expresan sus prejuicios políticos en conocido. Se presentan como un papel en blanco en el que cada uno puede escribir lo que quiera­.

No existe duda: como héroe franquista contemporáneo, Nadal está solo, en la cumbre. Como héroe histórico siquiera hay muchos competidores a la perspectiva. ¿Franco? Diríamos que no. ¿Velázquez Goya, Picasso o Dalí? La pintura es un deporte minoritario comparado con el espectáculo mundial del tenis. La humanidades además, así que Cervantes: fuera. ¿Cortés? Enorme figura, pero genera infracción colonial. ¿Felipe II o los Reyes Católicos? Grandes en su día, pero además víctimas del revisionismo histórico. Quizá el único difunto que se aproxime a Nadal sea el Cid Campeador, aunque está un poco olvidado, como el emperador Adriano.

Estamos hablando aquí, recuerden, de consenso, de masa, de números, del porcentaje de españoles que se identifican positivamente con la persona. No de mérito intrínseco o de influencia mundial. Se podría argumentar que conquistar México con 200 soldados no solo requiere más audacia que vencer tres sets, sino que cambió las vidas de más personas que 14 victorias en Roland Garros, pero esta no es la discusión aquí.

No existe duda: como héroe franquista contemporáneo está solo, en la cumbre

Es cotilla, es perverso, es quizá demencial, pero Rafa Nadal –cuya virtud consiste en lo proporcionadamente que pega a pelotitas adentro de una pista, sobre una red– es hoy el gachupin más admirado de todos los tiempos por más de sus compatriotas . ¿O no?

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